Si no se cuenta, sucede igual, si no se canta dejamos que suceda

Una semana atrás, casi al pasar, apunté que la inflación está subiendo peligrosamente en la Argentina. No era una opinión, era un dato frío, estadístico.

El INDEC nos mostraba con sus números escuetos, que la inflación de Agosto 2025 fue del 1,9%, en Septiembre del 2,1%, en Octubre el 2,3%, en Noviembre 2,5% y en Diciembre del 2,8%.

Datos irrefutables, emanados del propio gobierno nacional.

El ciudadano común, sin embargo, no cree en los datos, suele otorgar más credibilidad a la propia experiencia personal. Y esa realidad empírica le hace desconfiar seriamente de lo que le dicen. ¿Cómo pueden decirle que la inflación es del 2,8% mensual, si sus gastos personales aumentaron por lo menos el doble y sus ingresos se mantuvieron estables o a la baja?

Esta desconfianza lógica ejerció presión sobre las autoridades del INDEC, quienes se vieron obligados a explicar que las diferencias percibidas podían deberse en parte a la incidencia y composición porcentual de los ítems que forman parte del esquema del cálculo. Dicho de otra manera, un reconocimiento implícito de que las mediciones tenían un defecto que las hacía imprecisas, y por ende, poco fiables.

La canasta de productos que se medían era anticuada y no refleja para nada los actuales hábitos de consumo. Era necesario entonces sincerarse y recomponer los fundamentos del proceso de medición. Hace varios meses se hizo el anuncio, y los expertos trabajaron esforzadamente para componer una nueva base de cálculo mucho más ajustada a la realidad del bolsillo de los ciudadanos.

Finalmente el trabajo se concluyó satisfactoriamente y el nuevo sistema estaba listo para ser utilizado a partir del mes de febrero de este año 2026.

Pero el gobierno decidió mantener el viejo sistema de medición, lo que forzó la renuncia de Marcos Lavagna, el titular del INDEC.

Lo que ocurrió es obvio. Los gráficos de la evolución de precios al consumidor medidos con el nuevo procedimiento iban a dejar al desnudo una espiral inflacionaria mucho más grave y preocupante que la que ya estamos advirtiendo.

Muy suelto de cuerpo, Caputo reconoce el hecho en un reportaje donde con impunidad sugiere que van a esperar varios meses hasta que se diluya un poco la real y feroz incidencia inflacionaria que los aumentos tarifarios están teniendo y que los índices actuales no reflejan adecuadamente en el resultado final.

O sea que nos van a seguir mintiendo con el índice inflacionario, para hacernos creer que tienen controlada la inflación.

Pero aunque se empeñen en no contarnos la verdad, lo real sucede con independencia de los números que se publiquen.

Tenemos una inflación muy alta, acompañada de una recesión severa, lo que configura un combo trágico para los sectores productivos y para la clase media argentina.

Según la Consultora Equilibra, en un informe basado en datos del INDEC, de los 55 sectores productivos que se miden en su evolución, 36 están en quebranto y caída importante de productividad.

Y los sectores más afectados son precisamente los que generan empleo formal.

Consultado al respecto, con desparpajo y desaprensión, Caputo se despreocupa del tema y dice que son los “reacomodamientos naturales del cambio de modelo”, como si él y sus políticas fueran absolutamente ajenos a la hecatombe económica que azota a grupos importantísimos de la actividad comercial, industrial y empresarial argentina.

De nuevo aquí, aunque el relato oficial minimice y desprecie los datos, la realidad se empeña en mostrarnos sus facetas más tenebrosas.

Otra circunstancia que nadie quiere puntualizar en su gravedad es la caída sistemática de la recaudación tributaria, como un reflejo lógico del descenso abrupto de actividad económica que estamos registrando. Ámbito Financiero indica que La recaudación tributaria de enero cayó un 7,6% en términos reales, presionada por una fuerte baja en el IVA”.

Si se recauda menos por IVA, es porque la gente consume menos, y si eso es así, es porque existe un empobrecimiento generalizado que nos están queriendo ocultar.

Las maniobras de ocultamiento tienen siempre una eficacia relativa y acotada en el tiempo. Ya el grueso de la gente sabe lo que está pasando, aunque algunos persistan en pensar que se trata de sacrificios transitorios, la verdad es que el tiempo pasa, el sacrificio continúa y unos pocos se están haciendo más ricos a expensas de muchos.

El “industricidio” deliberado y la destrucción del Estado en todos sus aspectos son facetas cada vez más difíciles de defender y de esconder.

Hasta los más efusivos empresarios que propiciaron, financiaron y militaron activamente a favor de Milei están hoy empezando a recular.

Marcos Galperín pide a gritos que el Estado lo proteja de la competencia, a su juicio desleal, de las plataformas chinas como Temu. Teddy Karagozian, empresario textil que formaba parte del consejo de asesores económicos de Javier Milei, fué echado a patadas de su cargo, cuando se atrevió a opinar en contra de la destrucción de la industria nacional. El todopoderoso Paolo Rocca, cuando tuvo la osadía de preocuparse por la suerte de la industria, fue abrupta y violentamente atacado por el gobierno, y en especial por Milei, que lo adjetivó despectivamente como “Don Chatarrín de los tubitos caros”, dejando bien en claro el desprecio que le generan sus propios mentores.

De nuevo aquí, la perseverancia del gobierno en no contar lo que sucede, no significa que no esté sucediendo. El industricidio está en marcha y los cádaveres se cuentan de a miles.

El relato oficial es esforzado e inunda las redes sociales. La verdad es un dato anecdótico, insignificante. Existe en las huestes libertarias la convicción firme de que se puede omitir la realidad, simplemente negándola.

Y son exitosos en el arte de no explicar nada.

Me parece inconcebible que Karina Milei no haya dado una sola explicación, de ningún tipo, sobre los gravísimos hechos de corrupción que se denunciaron en su contra. Mutis por el foro, silencio espectral, mirada benigna de los medios de comunicación amigos, reemplazo de noticias que se desplazan sin concluir las historias, etc. Espert es un fantasma relegado a un olvido misericordioso, Spagnuolo es una entelequia que parece no haber sucedido jamás, el caso Libra se mueve con lentitud elefantiásica. Mucho más grave es que nadie explique qué han hecho con el oro que salió de la Argentina con destinos desconocidos. La falta de información al respecto es inconcebible en algo que quiera parecerse a una República. La intervención del Puerto de Ushuaia entre gallos y medianoche, violentando la autonomía provincial, la existencia de misteriosos viajes de militares de altísimo rango de los Estados Unidos, aviones fantasmas y reuniones de popes de las finanzas en Buenos Aires con agendas secretas, zona liberada en la aduana para las valijas transportadas en un avión por una joven vinculada a los libertarios, etc.

Son todas cosas que van pasando bajo el radar de la opinión pública, a espaldas de la población, que se minimizan u ocultan directamente, mientras nos distraen con las impostaciones de romances truculentos del presidente con Fátima Flórez o Yuyito González, y el primer mandatario desafina en cuanto escenario le ponen a su alcance.

Y ni hablar de la omnipresente incidencia del narcotráfico en las inmediaciones del gobierno, con candidatos convictos incluidos, y otros removidos justo a tiempo. No se mencionan tampoco los recurrentes procesos de blanqueos fiscales, una especie de paraíso fiscal para los lavadores de dinero, muchos de los cuales pueden estar vinculados a delitos mucho más serios que los de una evasión fiscal.

El mecanismo es claro. Lo que pasa, si no se cuenta, no pasa. Pero esto es una falacia, porque todo lo que describo, está pasando y forma parte de la tragedia nacional, aunque no se cuente y aunque muy pocos lo adviertan.

Por eso creo que tenemos que hacer un esfuerzo consciente para no dejar de contar lo que sucede. Hay que mostrarlo al desnudo, en forma pública. Es la única manera de exponer una realidad que nos quieren disfrazar.

En otro orden de cosas, y cambiando abruptamente de tema, les confieso que me encantan los recitales musicales en vivo. Uno de ellos, hace ya muchos años, me impactó mucho, por la energía desbordante del cantante, ícono del rock, Bruce Springsteen.

La música y el arte, la expresión cultural en general, han demostrado ser eficaces instrumentos de difusión masiva del acontecer social. Las canciones de protesta son todo un apartado especial en el repertorio musical y su aptitud comunicacional es magnífica. En muchos lugares del mundo son los artistas los que encarnan con su voz y su arte el dolor de su pueblo. Cuando la tragedia y el horror se apoderan del escenario, el canto dolido se eleva al cielo y se hace plegaria y reclamo.

El artista militante es una voz que canta lo que nadie quiere contar. Se niega tozudamente a dejar que lo sucedido se olvide. Hace canción el dolor y le confiere rasgos de eternidad. Su melodía no es solo tristeza hecha acordes sonoros, es también un aullido que invita a rebelarse. No se acepta lo sucedido, se lo cuestiona, se lo repudia. Y se hace música el clamor popular.

Streets of Minneápolis es la última canción de Bruce Springsteen. Les adjunto el video para que la escuchen y reflexionen sobre lo que está pasando en el mundo y en manos de quienes estamos. Dos seres humanos han sido vilmente ejecutados a sangre fría y miles viven aterrorizados en un país que se autoproclama referente de la libertad en el mundo. “The Boss”, el Jefe, como se conoce a Bruce, decide no permanecer indiferente, elige no callar, transforma su angustia en canto. La canción denuncia la violencia, desnuda al dictador disfrazado de ropajes democráticos, rechaza la prepotencia y reivindica la memoria. Tributo excepcional del arte al sentir de lo trascendente y humano.

Mientras en el extremo sur de América silencian el cuento para hacernos creer que no pasa lo que pasa, en el extremo norte de ese mismo continente americano, las voces se hacen canto para que deje de suceder lo que ya está sucediendo.

Contemos y cantemos al unísono, hagamos oír nuestra plegaria y la invocación al sentido común, al preciado bien que implica la Paz y la Armonía entre los hombres de buena voluntad y la búsqueda de una racionalidad que parece haberse extraviado en el camino del milenio de las luces y la tecnología.

Buenos Aires, Febrero 5 del 2026

Sisto Terán Nougués


PD: Después de concluir este artículo, me he enterado que Donald Trump se ha visto forzado a recular. Ha removido de su cargo al jefe del de ICE en Minneapolis, Gregory Bovino, y estaría decidiendo la suspensión de las operaciones de sus fuerzas de choque en el estado de Minnesota. ¡El arte doblega al tirano! ¡Formidable!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *